Perdurarán en el tiempo las palabras aunque se haya apagado su eco; sobrevivirán al paso de las paginas absurdas de los calendarios; dormirán en cuadernos de hoja perenne, arrulladas por la nana cansina del tic tac de un reloj.
Y tal vez algún día - cuando yo me haya ido- alguien las despierte y les devuelva su voz.

Chema.

lunes, 26 de octubre de 2015

Un pedacito de tierra...

El tamaño de los sueños es inversamente proporcional a la edad de cada uno. Es decir, a medida que cumplimos años nuestros sueños van perdiendo tallas. Me explico y a la vez os cuento como he llegado a esta conclusión:

Hace muchos años, cuando era un jovencito imberbe sin más preocupaciones que la de sentarme a imaginar como sería el mundo ahí fuera, soñaba con tener una granja enorme y una gran plantación de maíz; no sé porque extraña razón siempre he asociado las grandes plantaciones al maíz o al algodón; yo me quedo con el maíz, lo otro se lo dejo a los americanos y sus películas sobre esclavos y demás

Pues como iba diciendo mi sueño de joven eran ser granjero, pero como envejecer es inevitable (bueno, voy a cambiar envejecer por madurar, me gusta más) como madurar es inevitable (creo que la expresión madurar tampoco va conmigo) bueno, pues como fui cumpliendo años y veía que lo de la granja y la plantación no era más que eso, un sueño, comencé a conformarme con ser propietario de una pequeña parcela; un pedazo de tierra con casa y piscina donde pasar mis veranos. Pero tampoco dejaba de ser un sueño y los años seguían pasando. Terminé por soñar que era propietario de un huertecito pequeño, un par de centenares de metros cuadrados de tierra para sembrar, y una caseta para guardar las herramientas. No es difícil suponer que este sueño, aunque pequeño, también terminó encogiendo.

A día de hoy, ya rondando los cincuenta, suelo bromear diciendo que al menos el día en que me muera podré disponer de un pedazo de tierra para mi solo, aunque suene paradójico que sea la muerte quien me ayude a cumplir parte de ese sueño que no conseguí cumplir en vida. O eso creía yo, porque hoy me ha comentado el agente de los seguros esos de decesos y fallecimientos que a lo que tengo derecho es a un minúsculo cubículo de hormigón más conocido como nicho...o sea que de tierra...na de na...ni vivo ni muerto...y mira que el sueño se había quedado pequeñito con el pasar de los años....


Chema Elez.

1 comentario:

  1. Preciosa historia, Chema. Me ha encantado. Me identifico totalmente contigo y también ese sueño ha sido el mío, año tras año. Al final una se conforma porque no le queda más remedio pero has hecho que lo procese con humor y con una sonrisa en mi boca. Yo no lo abandono y, sencillamente, porque sólo el hecho de seguir soñando con un trocito de tierra para mí, me hace sentir feliz. Gracias. Un abrazo, amigo.

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